La educación, más allá de una mera impartición de conocimientos o un adiestramiento conductual, es el arte de alentar y nutrir la interioridad de los niños y las niñas para darles las herramientas para enfrentar los retos de su vida adulta.
Lamentablemente, a falta de una alternativa clara, muchos mamás y papás hacemos uso de las prácticas tradicionales de crianza basadas en la coerción, la intimidación, el juicio y el castigo, que si bien pueden ser efectivas para un adiestramiento conductual, aleja al niño de su propiocepción y el contacto saludable consigo mismo.
En el otro extremo, habemos papás y mamás que, al no querer replicar la educación impositiva que vivimos y al no encontrar una manera efectiva de educar, renunciamos por completo a nuestra autoridad cayendo en la permisividad o el descuido.
En cualquier de estos dos extremos – la impositividad o la permisividad- perdemos de vista el gran regalo que se esconde detrás de la conducta de los niños: una puerta para empatizar y conectar con sus necesidades afectivas, un lugar en el que podemos encontrarnos con ellos para caminar juntos y educarlos afecto y entendimiento.
El propósito de este taller es aportar a mamás y papás (y cualquier persona que tengo un rol de cuidado de la infancia) los marcos conceptuales, las herramientas y las habilidades para el ejercicio de una crianza más humana y amorosa: Una educación basada en la conexión empática, la cooperación, la reciprocidad, la claridad y el respeto